
gotas de lluvia en la ventana,
salpicaduras del mar de luces,
música y reflexión...
Si me buscas,
me encontraré entre acordes de mi guitarra,
hablando el idioma de alguna canción...
Parémonos a escuchar, sólo por esta vez...
Pregunto...
Y me responde el silencio,
el aire que trae el olor de tu pelo,
las arrugas de las sábanas,
el almidón del recuerdo...
Su pelo traía el aroma de paraísos olvidados,
...y entonces pongo lo que hay en mí,
mi alma orgullosa,
en unas palabras que susurran entre el espacio que nos separa...
Para una de esas noches en que la ausencia es un gélido puñal.
Diecinueve años saboreando la espuma de las olas
acusando un desgaste que se balancea incansable,
que me esculpía, a golpes de sal.
Diecinueve otoños hablándole a un espejo quebrado,
a un estanque perturbado que devuelve una imagen deforme,
que me confundía, a golpes de sal.
Y lo peor es haber pensado que esa era mi realidad,
que no iba a encontrar nada mejor.
A los veintiuno sé que la sal puede acariciarme
cuando baja por mi mejilla, fruto de la emoción.
La emoción por quien me sacó del rompeolas,
la emoción por quien me mostró mi reflejo,
la emoción por quien supo enseñarme lo maravilloso que es vivir.
Nosotros, versiones de una misma esencia.
Cuando un señor de pelo largo y frondosa barba te dice que hay que echarle carbón a la locomotora, más te vale hacerle caso.
Y dice así:
Mañana volverás, como vuelve la brisa en las noches de verano. Y encontrarás la casa como la dejaste, y encontrarás que en mi vida has sido una constante.
En tu maleta regresarán sensaciones congeladas en mi corazón que piden a gritos salir volando. Y es que solo me quedó echarte de menos rabiosamente, vagar por tu puerta en busca de un sustento que nunca llegó...
Casi desangrado por completo, mañana volverás, y mi vida irá en que me abraces hasta que me arda la piel, hasta que no vuelva a extrañarte, hasta que me susurres que ya estás aquí.
Mañana vuelvo a vivir-te y no hay nada más importante para mí.
Mañana, cuando el sol ilumine mi ventana,
Tus te quieros...
no son de cartón piedra,
no son de papel celofán,
coloridos que se arrugan,
no son de mecha de cohete,
no son de porcelana china en escaparate,
no son puñales al viento,
no son hálito en la escarcha.
Tus te quieros son de calor de chimenea en una noche nevada, única cosa que podría reconfortarte en doscientos kilómetros a la redonda.
Única cosa que entra sin llamar, susurra en tu sentimiento y el eco despierta a los vecinos.
La burda forma de describir la sensación que me pediste, tal cual llega a mi pensamiento.
¿De qué quieres hablar hoy? Hablar conmigo, hablar contigo al fin y al cabo.
Hace algunos días que el tren entró en un túnel, uno de tantos. Al principio me disgustó porque hacía ya bastante que las vías no atravesaban zonas oscuras y yo, acostumbrado al radiante sol y a las brillantes estrellas, me sentía oprimido.
Pero tenía la certeza de que el final del túnel llegaría tarde o temprano, así que con esa esperanza seguía mirando por la ventana sin ver más que negrura; los paisajes volverán sin más remedio.
A día de hoy todavía no he visto el final del túnel, escribo estas líneas sentado debajo de unas lámparas victorianas que arrojan una luz muy acogedora, pero yo no quiero velas, no quiero luz ahogada, quiero rayos de sol. Todo eso llegará, no hay duda, el tiempo no deja a nadie en el mismo sitio, y si de algo tengo certeza, es de que me estoy moviendo.
Esto me permite hablarme -¿Dónde están mis modales?- quería decir hablarte, inseparable diario, sobre lo mucho que cambia todo con el paso del tiempo, así como un candelabro se cubre de polvo y telarañas en un caserón abandonado, nosotros cambiamos, y menos mal, en el transcurso de nuestras vidas.
La vida es cambio, es evolución, enriquecerse tomando elementos de tu entorno sin entorpecer la labor de tu vecino. El tiempo es nuestro mejor aliado, por mucho que se empeñen en decirte que hay que luchar contra él y su tiranía, no hay peor acto que tapar el progreso que acumulas.
La experiencia, vivir, adquirir. Todo ello me acabará dejando en algún lugar, que a buen seguro es mi sitio, bueno o malo, pero mío. Yo elijo el camino que tomo en los cruces de vías y yo elegí meterme en este túnel, aunque ahora eche de menos el sol, habré aprendido a valorarlo más cuando salga.
Y mientras espero activamente, agradezco ver en los distintos vagones, a los pasajeros que he ido recogiendo por las estaciones de mi vida y que aún aguantan sentados. Esto no sería lo mismo sin ellos, debes saberlo; aunque te parezca que yo podría viajar solo, un tren vacío es un tren muerto. Y a nadie le gusta viajar en un tren fantasma.
¿De qué quieres que te hable mañana? Hablar contigo, hablar conmigo, ya lo sabes.
Sacando más cosas del cajón, te brindo esta canción, que fue escrita sin quererlo para esos momentos en los que me dejo descansar el alma y bebo de tu regazo, ese bendito rincón.
Y dice así:
Se abre una etapa nueva en nuestro continuo viaje por el pensamiento con la colaboración directa en este, mi tren, de un escritor de poesía y prosa, así como librepensador y cultivador de la mente en general.
Esta experiencia enriquecerá el viaje, y seguro, nuestros lazos.
Bienvenido a bordo, amigo.
Durante largos viajes, en cientos de lugares, siempre me acabaron preguntando sobre mi identidad -¿quién eres? -me decían...
Ahora aquí sentado contemplando la ladera, con la perspectiva que te da el tiempo, me pregunto quién soy. Siempre había contestado de forma automática pero eso no es más que tu cáscara, tu seudónimo público, consentido por todos, contentando a todos.
¿Cuántas veces he visto a un impostor actuando en mi cuerpo, engañando a propios y extraños, o quizá, sólo a mí? me cuesta responder tanto como no hacerlo... en realidad no sé quien soy.
Quiero salir de esta sensación, yo me conozco, ¿cómo no hacerlo? vivo conmigo a todas horas, me acompaño siempre, y encima tengo la desfachatez de no saber quien soy. Así es. No hay nada que hacer al respecto, nunca llegas a conocer a nadie, ni siquiera a ti mismo.
Sin embargo, siempre hay cierta circunstancia que me hace sentirme bien conmigo, con el yo que me gusta, que elijo día a día e intento manifestar en todos los aspectos. Esto no se produce siempre, como era de esperar, me pasa a veces, con aquellas personas que me toleran y me respetan, incluida la soledad.
Es así como sé quien soy, cuando puedo compartir total y decididamente mi alma con mi entorno sin que esto suponga una perturbación del equilibrio existente en nuestras relaciones sociales.
El resto de ocasiones, me limito a vivir, sin saber del todo qué reacciones tendré ese día, sin saberme del todo.
Mientras eso pasa ansío el momento de volver a encontrarme, con vosotros, contigo, conmigo.
Gracias por soportarme tan alegremente.
Las puertas están abiertas de par en par mas no emerge nada del interior,
extraña sensación de conglomerado,
las puertas están abiertas pero taponadas...
Los ríos de pensamiento encuentran un dique improvisado,
no debería estar ahí, o quizá sí.
Dos extraños hablan.
-¿Quién provoca esto?
-Yo mismo.
-¿Por qué?, ¿qué te impide contemplar los paisajes?
-No lo sé.
-Sí lo sabes.
-No me permito expresarme por miedo a no entrar por esa puerta.
-Abre la ventana, deja la puerta, no te empeñes en empujar desde dentro, no saldrá nada.
La brisa corre fresca, se oyen ruidos de un manantial encontrando su camino por la roca, y finalmente, la explosión...
Parece que otra puerta se abre y el caudal encuentra un nuevo cauce, parece que consiguió burlar el obstáculo, un obstáculo más...Parece que sólo había que enfrentarse a él y parece que lo he conseguido.
Con la mente en blanco y mirando en el interior...
Después de algún tiempo de ausencia espiritual, retomamos el viaje con esta canción, todo un clásico de los Red Hot. La intro a manos de John y Flea no tiene desperdicio, impresionante.
P.D. : Prometo resolver la congestión de ideas que me aflige en el menor tiempo posible.
El gran Sabina entra en escena en mi tren, estaba tardando en aparecer, pero ya sabéis como es. Su música ha influido en mí en gran medida, y ésta que os presento es una de mis favoritas, que no es poco dado a lo extenso de su obra.
Degustad a este gran maestro, mientras llegan otras canciones que me han dejado huella.
Y dice así:
Este libro es redondo.
Termina tal como comenzó hace tres años.
Con la oración gestáltica de Fritz Perls.
Siento que es la gran llave de las relaciones entre las personas.
Creo que si pudiéramos enseñar esta oración a todos los seres humanos sobre la tierra y consiguiéramos que la recitaran con la convicción total que sólo puede dar la identificación con lo que se dice, si yo pudiera actuar de acuerdo con estas pocas palabras, entonces...
Mis problemas
mis preocupaciones
mis ansiedades
mis decepciones
mis miedos
mis desamores
mis peleas
mis peores cosas para con los otros
DESAPARECERÍAN.
La oración gestáltica de Fritz, según yo mismo, dice:
Yo soy yo.
Tú eres tú.
Yo no estoy en este mundo
para llenar todas tus expectativas
y sé
que tú no estas en este mundo
para llenar todas las mías.
Porque yo soy yo
y tú eres tú.
Y, cuando tú y yo nos encontramos
es hermoso.
Y cuando, encontrándonos, no nos encontramos
no hay nada que hacer.Gracias y adios...
Tengo una ventana por la que paso a contemplar el mundo todos los días.
Por mucho que me mueva normalmente suelo ver lo mismo, rara vez cambia el ancho del marco para mostrarme alguna cosa nueva, y eso para mí es bueno, me hace sentir seguro.
Cada día veo el mismo paisaje, reconozco perfectamente cada elemento de lo que se ve desde mi ventana.
He notado que hay días en que las cortinas que llevan ahí colgadas desde que tengo conciencia son de un color diferente al del día anterior, y al asomarme veo las cosas tintadas de modo distinto.
Haga lo que haga no consigo apartar estas telas y estoy empezando a dudar de si realmente conozco el color verdadero de las cosas que siempre he creído mías.
Hoy al mirar por mi ventana he conseguido ver que tenia un vecino que compartía las vistas conmigo, hasta ese momento no me había percatado de su presencia y al principio sentí miedo al verme privado de mi preciosa soledad. Pero enseguida me puse contento, por fin tenía con quien comentar aquel maravilloso paisaje.
¡Qué grande ha sido mi sorpresa al hablar con él!, debía estar loco. Insiste en que todas las cosas que yo siempre he visto igual no son como yo digo. ¡Menudo disparate!. He decidido no volver a hablarle por si acaso me acaba volviendo loco a mí también.
Pasó algún tiempo y él volvió a hablarme, me animó a intentar abrir mi ventana. La abrí receloso, aquello no podía estar bien.
El viento soplaba fuerte ese día, fue sólo un momento, apenas perceptible, las cortinas se abrieron por una ráfaga para volver a su origen nuevamente. Pero yo estaba seguro de haberlo visto. Aquello cambió mi forma de comprender mi entorno para siempre. Por fin lo comprendí todo.
Todos tenemos una ventana al mundo, a nuestro mundo. Si me escondo tras mi marco, me estaré perdiendo las visiones del resto.
A partir de ese día me afané en tejer unas cortinas color transparente para ver la realidad sin deformaciones.
A día de hoy, no he conseguido tejer más que un pequeño área en toda la cortina de ese novedoso color por el que apenas alcanzo a ver. No obstante, estoy orgulloso de haberlo conseguido.
He llamado a ese pequeño trocito tolerancia y todos los días me asomo a él cuando quiero comunicarme con mis vecinos, cada vez más numerosos.
Ellos me cuentan lo que ven, y así esbozo una imagen de la vista que realmente hay tras mi ventana. Por cierto, he concluido que todos estaban ahí, a mi lado, desde siempre. No supe verlos desde mi anterior posición.
P.D.: Mientras vivo mi nueva vida plagada de colores y matices distintos sigo intentando hacer más grande mi capacidad de tolerar, es costoso pero la recompensa lo merece.
Diario de un viajante en busca de rumbo, parte I.
[...] Si se callase el ruido, quizá podríamos hablar y soplar sobre las heridas, quizás entenderías que nos queda la esperanza [...]
Relájate y disfruta...
Todo ocurre en ese instante en el que la tienes delante, como muchas otras veces ha sucedido, con una canción de tu larga lista de reproducción sonando de fondo, como tantas otras veces... no obstante, algo hace que te estremezcas y notes que ella también lo hace, intercambias intensas miradas... te acercas y te fundes en un cálido abrazo. Acto seguido comprendes que esa canción que estaba sonando te ha unido aún más a su alma cuando te ves bailando lentamente en la habitación abrazado a su mismo sentimiento.
A partir de ese momento esa es vuestra canción, esa ñoña expresión que siempre le has escuchado a tus padres decir con nostalgia ahora cobra sentido para mi joven corazón, ¿me estaré volviendo un ñoño? a quién le importa, mientras me siga estremeciendo al oír la melodía y tu imagen vuelva a bailar junto a mí en mi habitación aunque estés en otro lugar... porque ahora esta es nuestra canción, y desde luego, es algo más que música, un vínculo imborrable sea cual sea el camino que tomen nuestras vidas.
Por siempre tuya y mía, ¿quieres bailar un slow?.
Para comenzar de la mejor manera posible, empecemos con una gran canción de un gran artista como es Ismael Serrano titulada Vértigo. Recomendada por cierto náufrago que de esto entiende un rato. Disfrutad.
Un saludo.
Gracias por elegir nuestros servicios, en primer lugar debería presentarme. Yo soy el acomodador encargado de hacerte más fácil la estancia en nuestro expreso, también soy el maquinista que hace que se muevan las bielas y los pistones, así como igualmente soy la azafata y el guardia de seguridad...
En definitiva, yo soy lo que tú captes al leer mis vertidos, te propongo un viaje por las vías de mi mundo, sin pretensiones, puedes parar el tren cuando quieras... porque tú has accedido a compartir el paisaje conmigo.
Buen viaje.