
Mucho más fácil hubiera sido el odio,
el despecho,
cerrar la puerta y tirar la llave
en algún pozo oscuro.
Tomar la senda del cobarde,
mucho más fácil, seguro.
Mas encaré al Dolor para gritarle:
- ¡Aquí me tienes, ven,
atraviésame lentamente,
ensarta mi corazón,
saborea cada instante,
recréate, rasga mis costuras
de muñeco de trapo!
no pienso huir...
Y cuando te hayas cansado de mí,
roto, sucio, deshilachado.
Cuando te aburras de jugar conmigo,
banal, vacío, desdibujado.
Entonces...
vete y no vuelvas por aquí.
Aborréceme...
vete y no vuelvas a por mí...
Mucho más fácil hubiera sido el odio,
mucho más fácil, seguro.
Pero no elegimos
tomar la senda del cobarde,
lo sé bien.
A cambio, el Dolor pasará,
remendaré mi cuerpo descosido
y tiraré del hilo que me lleva hasta ti,
ese hilo que decidimos no cortar,
ese hilo que compensa todo lo demás.
Aquello que nos une y quisimos conservar.